EL CABALLERO DE BLANCO

OMAR E. TREVEJO ARANDA “El Treve”

M

i tío, Melvil Llanos, el “El Cría Navajas”, me invita a la gran final, del Campeonato de Criadores de gallos de Pelea, a Navaja del Perú, a realizarse en El Rosedal, ubicado por la Plaza Central de Santiago de Surco Pueblo, famoso por sus viñedos y tradición.
En compañía de otro tío, quien era sordo, aficionado también a los gallos navajeros…
Le hablaban de un tema y el respondía de otro, era un caso, tenía que tratar de leerte los labios sino estaba perdido.
Llegamos al Coliseo, entramos, y tío Melvil me presentaba a todo el mundo...
       -    Aquí llegan personajes de toda clase, de todo nivel social, cría navajas y serás respetado, se te abrirán las puertas, conocerás gente y se te aventarán las pollitas, y más aún si eres colorado encima…
       -    Qué ¿Quién se anima?, pregunta mi tío el sordo
       -    Este tu tío ya empieza a entender mal, decía sonriendo el tío Melvil.
Nos ubicamos al centro de las gradas, en primera fila, de izquierda a derecha para que nos se nos escape nada.
Sale al ruedo el presentador anunciando el inicio de la última fecha del campeonato, todos atentos escuchan los nombres de los galpones y propietarios participantes.
Suena la campana anunciando el inicio de las peleas.
Presentan los gallos, empiezan las apuestas al lado de la izquierda o derecha, corren los apostadores de un lado a otro, recibiendo el dinero pactado.
Ese, es el cambista de dólares en Ocoña, aquel no va a parar hasta que se acabe su sueldo, ese otro es fabricante de cocinas, y así gente de toda clase social y profesión en la gallera, destacando de entre el público un hombre sentado frente a nosotros, pulcramente inmaculado, al otro lado del ruedo…
Un Caballero de Blanco, elegantísimo saco, camisa con fina corbata de seda, chaleco, pañuelo impecable en la solapa, pantalón de fino corte, sombrero de copa, haciendo juego con los guantes y bastón, todo de blanco parecía uno se esos personajes sacado de un ilustre libro de la realeza inglesa…
Peleas van, peleas vienen se iban eliminando, en las gradas siguen las apuestas, a media tarde el cambista estaba sin un dólar, quebrado, el otro contaba las monedas que le quedaban en el bolsillo para el regreso a casa, a otros les sonreía la esquiva suerte…
Todos miraban de reojo al Caballero de Blanco, observando sus ademanes y movimientos, a que gallos iba, a quien apostaba, a veces ganaba otras perdía, haciendo señas con la mano, a los de izquierda o derecha…
Gallos muy competentes y fieros resolvían a la primera, con el arma letal en la pata izquierda en forma de hoja de olivo, determinaban su destino, el término del campeonato.

                                                          

 

 Nosotros sentados en primera fila observábamos todo sin perder detalle alguno, al tío Melvil no se le escapaba nada, hacía señas apostando por uno y por otro.

  1. Mírale la contextura, ¿Cuál te gusta?
  2. Sí, ese se asusta y sale a la carrera, esta muy pollito, intervenía mi tío el sordo
  3. Más me gustaría con unas papitas amarillas, sus pasitas, su guisito con su arroz blanco y para asentar su vinito de misa, le digo…
  4. ¿Cuándo no?, Terco, ¡Cría navajas!
  5. ¿Porqué rajas? ¿Acaso lo conoces?, dice mi tío el sordo
  6. No dije rajas, dije ¡Navajas!, sordo…
  7. ¿Gordo?, ¿Cuál gordo?

Tío Melvil movía la cabeza riéndose de la confusión del tío sordo.
De pelea en pelea amenizaban la tarde con música, sonaban contagiantes el ritmo de valses y tonderos, saliendo al compás cimbreantes mulatas, contorsionándose al son del cajón, congas y guitarras, reviviendo tiempos majestuosos del criollismo peruano…
El tercer y cuarto puesto estaba definido, ahora viene lo bueno, quedan al centro del ruedo, dos criadores, preparadores, soltadores, dos galpones, los mejores gallos para la final, cinco por lado.
Señoras y señores lo esperado, comenta el presentador, en unos instantes empezará la final del campeonato…
A un lado del ruedo se ubicaba una bella mujer, de cabello recogido con un moño adornado con coqueta flor al costado, envuelta en un traje muy elegante, muy ceñido a las caderas, y con caída amplia hasta los tobillos, botines de taco bajo, cogía en la mano un pañuelo blanco y una muñequera izquierda en forma de flor resaltaba su porte y belleza.
Por otro lado un caballero de terno, camisa blanca, pantalón negro, espigado, señorial y quimboso, mano izquierda al bolsillo, mano derecha al hombro izquierdo, sujetando el pañuelo blanco…
Suena la marinera…, Marinera de Lima, pausada, elegante, se acercan a la arena, se saludan, se miran, giran y bailan, atrapando a la multitud en el hechizo de su baile frenético y cadencioso, baile del cortejo, del arte hecho para danzar en las nubes…
La gallera aplaude, se levantan de sus asientos, es un momento muy solemne, son los ganadores del campeonato de Marinera de Lima, demostrando su garbo, su esencia, su belleza.
Están preparando todo, hay personas que hablan con el Caballero de Blanco, vestidos al mismo estilo, de blanco…
      -   Saldrán a la arena para presentarse, aclara mi tío Melvil.
El presentador anuncia a los finalistas, de allí saldrán el primer y segundo puesto del campeonato.
Por izquierda el señor Lizarzaburu del Galpón “Oro Verde”, la gente aplaude…
Por derecha el señor Arévalo del Galpón “San Francisco”, la gallera viva…

 

                                                               

 

Se levanta el Caballero de Blanco, la gente lo mira, le hacen espacio, se dirige al centro del ruedo, tras él, los preparadores y el soltador llevando cinco caponeras y una manta bordada con el símbolo de su galpón.
Se alinean y saludan al público, el coliseo retumba de aplausos y de algarabía   correspondiendo al saludo.
Se dirigen a la puerta de careadores, el Caballero de Blanco regresa a su lugar, esperando el aviso del Juez para presentar la primera pelea.
Suena la campana, por izquierda un gallo giro, por derecha un gallo blanco, corren las apuestas, arman los gallos…
Voy derecha, voy izquierda, se escucha…
El Caballero de Blanco hace señas…
      -     $. 5,000 al blanco…
Se levanta la gallera, los apostadores se miran, conversan y hacen la bolsa para cubrir la apuesta.
El Juez se acerca al centro del ruedo, llama a los soltadores, revisa los gallos, los limpia, cada uno con su frente y el Juez al centro de ellos, suena la campana y los gallos a la arena…
El giro escarba la arena, el blanco quieto muy sereno media a su contrincante, siguen las apuestas a favor del giro…
El giro despreciativo sigue rascando la arena, se coloca de lado y se avienta el gallo blanco con las patas por delante y sin picar, le acierta todas dejando lastimado al giro.
El Juez llama al careo, el giro malherido es acomodado por su soltador, el blanco muy entero permanecía sereno, colocan la tabla, el giro descansa sobre sus patas, el blanco espera el levante de la tabla y se avienta sobre el giro dándole mortales tiros de degüello e hincones a los pulmones, dejando tieso al giro…
Uno a cero a favor del Caballero de Blanco.
Segunda pelea, un ajiseco contra otro blanco, de igual porte como el primero.
Hacen la presentación, empiezan las apuestas de izquierda a derecha, arman los gallos, ajiseco izquierda, blanco derecha…
Favorito el blanco, entran a la arena, los pican, sacan las fundas con las armas y los sueltan…
Cauto el ajiseco, espera al blanco que empiece, la multitud se inclina al ajiseco, ya es jugado, comentan, al blanco se le ve mas pollo.
Apagan las luces para volverlos a carear, los pican, sueltan, de frente se van al choque, revuelan y revuelan, quedando los dos muy heridos, el coliseo se levanta, la expectativa se acrecienta…
El Juez pone la tabla al centro, los dos gallos no se pueden sostener en pie…
Levantan la tabla y los dos entierran el pico.
Otra vez la tabla, los dos pegados a cada lado de la madera, el Juez nuevamente levanta la tabla y los dos a la arena, están mal heridos, la multitud, sigue apostando…
Ultimo careo, el Juez, pone la tabla, acomodan los gallos, el Juez levanta la tabla y salta el gallo blanco acertándole las patadas en el cuerpo del ajiseco.

                                                           

 

El juez muy atento, los dos gallos tirados en la arena sin moverse, el ajiseco muy herido se acomoda y poco a poco va bajando la cabeza hasta besar la arena…
Suena la campana del Juez, dándole la victoria al gallo blanco.
Dos a cero a favor del Caballero de Blanco, si gana la tercera pelea, ganará el campeonato, ya no podrán alcanzarlo en puntaje…
La multitud anda de un lugar a otro, los apostadores se reúnen entre ellos, esta pelea puede ser la decisiva, el Juez llama para presentar la pelea, izquierdas y derechas demoraban, pues no salían a presentar los gallos…
Segunda llamada, izquierda a derecha en sus puertas, los gallos enfundados en sus respectivas mantas, ninguno quería entrar primero, el Juez al centro del ruedo.
Se animan los del gallo blanco, entran sin enseñar al gallo hasta que ingresen los de la izquierda ingresan también con su gallo tapado…
Juez y soltadores al centro del ruedo, van a presentarlos a la misma vez.
En las gradas comienzan las apuestas sin haber visto a los gallos, por derecha ó por izquierda.
El Juez toca la campana y sueltan a los gallos con sus trabas, presentándolos para la pelea.
El tío Melvil se levanta de su asiento, observa…
De izquierda un ajiseco negro, de derecha otro blanco…

  1. El ajiseco es cañetano, aclara mi tío Melvil.
  2. ¿Y, como sabes?
  3. Hace un mes me sacaron uno igual en la final del campeonato en Abancay, los muy vivos nos retaron, fuimos, pero ellos se habían venido especialmente a cañete a comprar para echárnoslos, pero igual les ganamos el campeonato…

El Gallo de Navaja Peruano, es único en el mundo, muy admirado y muy especialmente por criadores de otros países, los criaron generalmente en las haciendas costeñas hasta antes de la reforma agraria.
Están armados los gallos cada uno en sus puertas.
Siguen tapados y la multitud continua apostando, por izquierda o por derecha.
El blanco es el favorito, pero el ajiseco tiene un porte espectacular, macizo, se le ve muy fiero, los de la izquierda se la están jugando el todo por el todo…
Se levanta de su asiento el Caballero de Blanco, se acomoda el sombrero, afirma su traje, levanta la mano derecha y grita;

  1. ¡$  20,000 al blanco!

El coliseo estupefacto, enmudece…
El Caballero de Blanco tenía en sus manos $20,000 para apostarlos al blanco, absortos, los apostadores se miraban, si con $5,000 lo pensaron ahora son $20,000 al blanco…
A mi tío Melvil se le salían las lágrimas…
       -   Ese es un criador, mira la fe que tiene a sus gallos, nunca verás nada
igual…
Cesó la música, silencio total, el Caballero de Blanco muy sereno, seguía con el brazo erguido, la multitud empezó a aplaudir y aplaudir, sonaron las guitarras y los cajones, se agruparon los apostadores y dieron el “Va” a la pelea…
El Caballero de Blanco se mantenía solemne e impecable en pie...

 

El Juez llama a los soltadores, se acercan se dan la mano y se separan, revisan sus gallos, los mueven para que entren en calor…
La multitud atenta espera la orden del Juez.
Cada uno en sus lugares mirándose frente a frente…
El Juez al centro da la orden, pican los gallos, se separan y suena la campana dando inicio a la pelea…
Ambos gallos ya sueltos en el ruedo, inmóviles se observaban de reojo, la multitud en silencio, cualquier ruido los desconcentraría…
El ajiseco era una mole, buen porte, musculoso…
El blanco más refinado, estaba tan quieto que parecía tallado en Piedra de Huamanga…
El Caballeo de Blanco, seguía en pie.
El ajiseco muy vivo, miraba al blanco, se acercaba de costado con pasos milimétricos…
El blanco, quieto, petrificado mirando al infinito, como si en lugar de la vista, usara el olfato para sentir la cercanía de su adversario…
El Caballero de Blanco se saca el sombrero y lo lleva al pecho…
El ajiseco seguía acercándose de lado…
El gallo blanco en su posición de estatua…
Silencio en las gradas…
El ajiseco seguía acercándose…
Todos atentos con las miradas en los contrincantes, mantienen la respiración…
La multitud se levanta de sus asientos, saben que será muy rápido.
El Caballero de Blanco, muy lentamente levanta el sombrero y como si fuera una señal, el gallo blanco se avienta sobre el ajiseco, violento y rápido no lo dejo ni respirar, le dio y le dio hasta dejarlo muerto en la arena y quedar otra vez petrificado cual estampa en acuarela de Fierro, junto al ajiseco negro.
La multitud no reaccionaba de lo sucedido, que rapidez, que acierto…
El Caballero Blanco bajó al ruedo, junto a sus preparadores, su soltador, sus gallos blancos y su manta bordada con el Símbolo de su Galpón…
Y en medio de cojines y pañuelos blancos que volaban por los aires, de aplausos y reconocimiento, recibieron…“La Navaja de Plata”.